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Aleyas 59 a 73: Las historias de Noé y Hud

Dios envió a Noé a su pueblo y él les pidió que adoraran únicamente a Dios. Ellos rechazaron a Noé, así que Dios lo salvó y a aquellos que estaban con él en una embarcación; mientras que los otros, que negaron las señales de Dios, murieron ahogados. El Profeta Hud fue enviado al pueblo de Ad, a quienes les dijo que adoraran únicamente a Dios, pero ellos lo rechazaron. Lo llamaron mentiroso y tonto cuando él les estaba dando un consejo sincero. Hud les recordó la gente de Noé y los favores que Dios les había concedido, y les advirtió de un terrible castigo, pero ellos se burlaron de él y le pidieron a Hud que les diera el castigo. Hud dijo que esperaría con ellos la decisión de Dios. Los incrédulos fueron aniquilados, mientras que Hud y sus compañeros fueron salvados por la misericordia de Dios.

Aleyas 74 a 94: Las historias de Saleh, Lot y Shuaib

Luego, al pueblo de Zamud, Dios le envió al Profeta Saleh. Él les pidió que adoraran únicamente a Dios. Saleh les pidió que protegieran a la camella enviada por Dios, y les recordó que eran los herederos de Ad, capaces de construir grandes mansiones en valles y de esculpir sus casas en las laderas de las montañas. Saleh le dijo a su pueblo que recordara las bendiciones de Dios, pero los arrogantes les preguntaron a los creyentes si realmente creían que Saleh había sido enviado por Dios. Ellos respondieron que sí, pero los arrogantes rechazaron esto y cercenaron la camella que se les había confiado para que protegieran. "Así que tráenos esta promesa" (la ira de Dios), dijeron, entonces un terremoto los asoló y cayeron muertos. Saleh se dio la vuelta.

Lot fue enviado a su pueblo y los confrontó con la promesa de un castigo por los actos indecentes que realizaban unos con otros, pero su única respuesta fue tratar de expulsar a Lot y a su familia de la ciudad. Dios salvó a Lot y a su familia, excepto a su esposa, que estaba entre los malhechores, cuando la lluvia de piedras los destruyó.

Shuaib fue enviado a la gente de Midian y él les pidió que adoraran solo a Dios. Él los exhortó a abandonar sus prácticas comerciales corruptas y que dejaran de acechar a los visitantes y caminantes de sus ciudades. Les recordó que Dios aumentó su número y les recordó también el final terrible de algunas naciones previas, pero ellos no quisieron hacer caso a las advertencias. En lugar de ser agradecidos con Dios, atribuyeron su cambio de suerte al paso del tiempo. El pueblo de Midian fue asolado por un terremoto, y quienes no creyeron en las advertencias de Shuaib dejaron de existir. Shuaib se alejó sin afligirse por la gente incrédula.

Aleyas 95 a 100: Una lección para aprender

Siempre que Dios envió un Profeta a una ciudad o a una nación, afligió a esa gente con la adversidad y el infortunio, a fin de que fueran humildes ante Él. Luego, Dios cambió sus dificultades en prosperidad, pero la gente no reconoció la gracia de Dios. Si hubieran creído, habrían sido colmados de riquezas, pero como no fue así, fueron atrapados por sus fechorías. Dios pregunta: ¿Cuáles de esas personas se sienten seguras en la noche o en el día? Los únicos que se sienten seguros del plan de Dios son aquellos condenados a la destrucción. ¿Acaso la gente no entiende, de las historias de quienes los precedieron, que Dios puede afligirlos por sus pecados y sellar sus corazones?

Aleyas 101 a 126: Dios envió a Moisés al Faraón

A la gente de las ciudades mencionadas en las aleyas anteriores les fueron enviados mensajeros con advertencias, pero se negaron a creer en ellos. Luego, Dios envió a Moisés al Faraón y sus sacerdotes, pero ellos también trataron injustamente el mensaje. Vemos a continuación lo que les ocurrió a quienes extendían la corrupción. Moisés le dijo al Faraón que él era un Mensajero del Señor de todos los mundos, y el Faraón le pidió una señal. Moisés tiró su cayado al suelo y este se convirtió en una escurridiza serpiente. Luego puso su mano bajo su túnica y al sacarla estaba blanca brillante y resplandecía. Los consejeros alrededor del Faraón dijeron que Moisés era un hechicero y sugirieron que se hiciera una competencia. Los hechiceros del Faraón llegaron y se les prometió un lugar en el círculo cercano a él si ganaban.

Los hechiceros arrojaron sus palos al suelo y estos se convirtieron en serpientes. Dios inspiró a Moisés y él arrojó su cayado, que se convirtió en una serpiente real que devoró a todas las que los hechiceros habían conjurado. Los hechiceros fueron derrotados, la verdad estaba clara, de modo que ellos cayeron de rodillas diciendo que creían en el Señor de los mundos, el Señor de Moisés. El Faraón declaró que le cortaría una mano y un pie de lados opuestos a cada uno, y luego los clavaría en un madero a todos, porque habían creído sin que él les diera permiso para ello. Entonces clamaron a Dios pidiéndole que los mantuviera firmes y les permitiera morir consagrados solo a Él.

Aleyas 127 a 137: Las plagas asolan Egipto

Los líderes del pueblo del Faraón le preguntaron si tenía la intención de permitir que Moisés y su pueblo causaran corrupción en la tierra. Él respondió que haría matar a sus hijos y les arrebataría a sus hijas. Moisés le aconsejó a su pueblo que permaneciera firme y acudiera a Dios en busca de ayuda. La gente de Moisés se quejó de que solían perseguirlos antes y seguían siendo perseguidos, pero Moisés les dio esperanzas.

El pueblo del Faraón se vio afligido con varios años de hambruna, esperando que entraran en razón, pero ellos creían que la buena provisión era su derecho y que las malas circunstancias se debían a Moisés (un presagio del mal). Su suerte, sin embargo, estaba en manos de Dios, pero ellos todavía no lo reconocían.

A continuación, el pueblo del Faraón fue afligido con una inundación seguida de plagas de langostas, piojos, ranas y sangre. El pueblo del Faraón le pidió a Moisés que interviniera ante su Señor para que retirara Su castigo, diciéndole que, si hacía eso, ellos permitirían que el pueblo de Israel se fuera. Sin embargo, cuando el castigo les fue retirado, rompieron su promesa. Así que Dios los ahogó e hizo que los que habían sido oprimidos por ellos heredaran la tierra.

Aleyas 138 a 143: Dios rescata a los Hijos de Israel y le habla a Moisés

Dios llevó a los Hijos de Israel a través del mar, y allí se encontraron con gente que adoraba ídolos. Los Hijos de Israel le pidieron a Moisés que les hiciera un ídolo, a lo que él les respondió que eran unos ignorantes. Les dijo que el culto que seguían los idólatras estaba condenado a la destrucción. Dios llamó a Moisés a la montaña por cuarenta noches. Él le pidió a su hermano Aarón, quien había estado con él desde el comienzo, que tomara su lugar para liderar al pueblo y se esforzara por mantenerlos alejados de los idólatras. Moisés llegó a la hora señalada y le pidió a Dios que Se mostrara. Dios le respondió: "No Me verás, pero mira la montaña, si ella puede verme y permanecer en su sitio, entonces Me verás". La montaña se derrumbó ante los ojos de Moisés, y él cayó inconsciente. Cuando se recuperó, le dijo a Dios: "¡Glorificado seas, a Ti me vuelvo arrepentido, soy el primero en creer!".

Aleyas 144 a 147

Dios le dijo a Moisés que había sido elegido, entre toda la humanidad, para ser el único que podía escuchar a Dios y recibir Su mensaje, por lo tanto, debía estar agradecido por tal honor. Dios inscribió todos los detalles e instrucciones en las tablas de la ley, ordenando que se aferraran a ellas. Aquellos que niegan los signos de Dios se mantendrán distraídos. Las obras de aquellos que niegan las señales y la reunión en la otra vida, no tendrán valor alguno.

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