El infierno recibirá al infiel con furia y rugidos:
« Pero, ¡qué va! ¡Es la Última Hora lo que desmienten! Sin embargo, para esos que desmienten la Última Hora hemos preparado llamas abrasadoras: cuando éstas les confronten desde lejos, oirán su rugido y su silbido. »
Cuando el perverso va acercándose al infierno, le pesan sus grilletes y se le evidencia que será ya sólo combustible del fuego.
« …ciertamente, para esos que niegan la verdad hemos preparado cadenas y argollas, y un fuego abrasador. »
« ¡Pues, en verdad!, junto a Nosotros les aguardan pesadas cadenas, y un fuego abrasador. »
Ángeles rudos lo introducirán con violencia en el infierno, cargado de cadenas.
« Entonces se dará la orden: ‘¡Cogedle y encadenadle, y luego hacedle entrar en el Infierno!’ »
“Pero los que fueron débiles dirán a los que se habían mostrado altivos: ‘¡Qué va, nos apartó vuestra invención de argumentos engañosos, de noche y de día, cuando nos convencisteis para que blasfemáramos contra Dios y para que dijéramos que existen poderes capaces de rivalizar con Él!’ Y cuando vean el castigo, no podrán expresar su remordimiento: porque habremos puesto cadenas alrededor del cuello de quienes se empeñaron en negar la verdad. ¿Acaso no será esto sino la retribución por lo que hicieron?”
« …y luego sujetadle a una cadena de pecadores como él, de setenta codos de largo… »
Se les arrastrará encadenados:
« …cuando tengan que llevar al cuello las argollas y cadenas que ellos mismos han forjado; y sean arrastrados… »
Y mientras se les introduce al infierno oirán recriminaciones:
« …pues, a quienes se empeñan en blasfemar contra su Sustentador les aguarda el castigo del infierno: ¡qué horrible destino! Cuando sean arrojados allí, oirán su fragor mientras hierve, a punto de estallar de furia; cada vez que un grupo es arrojado en él, sus guardianes les preguntan: “¿No vino a vosotros ningún advertidor? »
Cuando sean conducidos a un gran llano, desnudos y hambrientos, rogarán por agua a la gente del paraíso.
“Y los ocupantes del fuego llamarán a los ocupantes del paraíso: ‘¡Derramad sobre nosotros algo de agua o algo del sustento con el que Dios os ha proveído!’ Responderán: ‘¡En verdad, Dios ha prohibido ambas cosas a los que rechazaron la verdad!’”
Y mientras la gente del paraíso reside cómoda y confortablemente, colmada de felicidad, los del infierno pasarán enormes sufrimientos y privaciones constantes.
« …entonces, ciertamente, vosotros que os habéis extraviado y que llamasteis mentira a la verdad, comeréis del árbol de fruto mortal, y os llenaréis con él el vientre. »
Este árbol se llama Zaqúm y sus frutos son horribles como cabezas de demonios y no calman el hambre.
« ¿Es el paraíso mejor acogida, o el árbol de fruto mortal? Lo hemos puesto, ciertamente, como una prueba para los malhechores »
Además del fruto de Zaqúm, los malhechores tendrán ahogos y arbustos espinosos para comer y sólo eso, que nunca los saciará.
« ¡Ni más comida que la porquería que nadie come sino los pecadores! »
Y el agua que beberán será inmunda, mezclada con pus y sangre, será corrosiva y disolverá sus intestinos.
« La parábola del paraíso prometido a los que son conscientes de Dios, en el que hay arroyos de agua que el tiempo no corrompe, arroyos de leche cuyo sabor nunca se altera, arroyos de vino que es delicia de quienes lo beben, arroyos de miel limpia de toda impureza, el goce de todos los frutos y del perdón de su Sustentador: ¿puede compararse con la recompensa de aquellos que morarán en el fuego y a quienes se dará de beber un agua de ardiente desesperación, que les corroerá las entrañas? »
Las vestimentas de la gente del infierno, serán de alquitrán ardiendo.
“…vestidos con ropajes de alquitrán, y el fuego cubriendo sus rostros.”
Sus sandalias, sus lechos, y todas sus cosas serán de fuego y el castigo abarcará todo su cuerpo.
« …luego derramad sobre su cabeza la angustia de la ardiente desesperación! ¡Saboréala tú, que te considerabas tan poderoso, tan noble! »
« …el Día en que el castigo les envuelva por arriba y por abajo, y diga Él: ¡Gustad ahora el fruto de vuestras acciones! »
El grado de castigo al que serán expuestos los malvados, variará de acuerdo al grado de su incredulidad y a sus pecados.
“¿Y qué puede hacerte concebir lo que será ese tormento demoledor?
Un fuego encendido por Dios, que se elevará sobre los corazones: ¡realmente, se cerrará en torno a ellos en inmensas columnas!”
Cada vez que su piel sea consumida por el fuego, les brotará una nueva, para que continúe su tormento.
« …y, ciertamente, a los que se empeñan en negar la verdad de Nuestros mensajes les haremos sufrir el fuego: cada vez que se les consuma la piel, se la cambiaremos por una piel nueva, para que puedan gustar el castigo. Ciertamente, Dios es Poderoso, Sabio. »
Para peor, su sufrimiento irá constantemente en aumento.
« Y entonces diremos: ‘¡Saboread, pues, el fruto de vuestras malas acciones, ya que no os daremos sino más y más castigo!’ »
El efecto psicológico de este castigo será tan terrible, que el mismo extraviado, pedirá más.
“…exclamarán: ‘¡Oh, Sustentador nuestro! ¡A quien nos haya preparado esto, dóblale el castigo en el fuego!’”
En diferentes ocasiones, los perversos buscarán la ayuda de Iblís, el Gran Satán.
« Y cuando todo esté decidido, Satán dirá: ‘¡Ciertamente, Dios os prometió algo que tenía que cumplirse! Y yo, también, os hice promesas, pero os estaba engañando. Sin embargo, no tenía yo en absoluto poder sobre vosotros: pero os llamé y vosotros me respondisteis. Así pues, no me culpéis a mí, sino culpaos a vosotros mismos. No soy yo quien deba responder a vuestra llamada, ni vosotros a la mía: pues, ciertamente, me he negado a aceptar que hubiera algo de verdad en vuestra creencia previa de que era yo copartícipe de la divinidad de Dios.’ En verdad, a todos los malhechores les aguarda un doloroso castigo. »
Rechazados por Satán, les pedirán a los ángeles que aminoren su castigo aunque sea por un día.
« Y los que están en el fuego dirán a los guardianes del infierno: ‘¡Rogad a vuestro Sustentador para que nos alivie, por un día, este castigo nuestro!’ »
Luego de dejarlos esperando una respuesta por el tiempo que Dios quiera, los ángeles se excusarán:
“…preguntarán: ‘¿No vinieron a vosotros los enviados con las pruebas claras sobre verdad?’ Responderán: ‘¡Sí, en verdad!’ Y los guardianes dirán: ‘¡Entonces, rogad vosotros!’ pues la oración de los que niegan la verdad no conduce sino al engaño.”
En ese momento, los descarriados ya perderán la esperanza de la reducción de su castigo, entonces se dirigirán al jefe de los guardianes del infierno, el ángel Malik, pidiéndole durante cuarenta años:
“Y gritarán: ‘¡Oh, tú, gobernador del infierno! ¡Que tu Sustentador acabe con nosotros!’ Responderá: ‘Ciertamente, habréis de permanecer en ese estado...’”
El eco de estas palabras se oirá por cien años.
“Ciertamente, habréis de permanecer en ese estado...”
Tal vez ellos volverán a rogar a su Señor, en quien no creyeron en la tierra, por una última oportunidad:
“Exclamarán: ‘¡Oh, Sustentador nuestro! ¡La mala suerte se cebó en nosotros, y por eso nos extraviamos! ¡Oh, Sustentador nuestro! ¡Sácanos de este castigo y luego, si reincidimos, qué seamos verdaderamente tenidos por malhechores!’”
Dios los rechazará:
“Él dirá: ¡Retiraos a esa ignominia! ¡Y no os dirijáis más a Mí!”
El dolor frente a esta respuesta será el peor, ya que se hará evidente la eternidad en el infierno y la privación eterna del paraíso.
« Ciertamente, a quienes se empeñan en negar la verdad y en hacer el mal, Dios no les perdonará ni les guiará a ningún camino excepto al camino del infierno, en donde permanecerán más allá del cómputo del tiempo: y esto en verdad es fácil para Dios. »
El mayor tormento y angustia del incrédulo será espiritual, ya que se le negará ver a su Señor.
« ¡Que va, realmente ese Día serán apartados de su Sustentador; y luego, ciertamente, entrarán en el fuego abrasador y se les dirá: “¡Esto es lo que solíais tachar de mentira! »
La desesperación los cubrirá totalmente cuando ya convencidos de la eternidad de su castigo, se les haga evidente que tampoco podrán morir ya.
« ¡Qué bien oirán y verán el Día que vengan a Nosotros! Pero hoy esos malhechores están claramente hundidos en el error: así pues, adviérteles del Día de la lamentación, cuando todo habrá sido decidido pues ahora viven despreocupados, y no creen. »