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Cuando una persona sigue una religión, cualquiera que sea, es probablemente seguro decir que cree en una vida después de la muerte, cree que hay algo más allá de esta estación temporal llamada Tierra: una recompensa o un castigo aguarda. Nadie quiere ser castigado, todos quieren salvarse de cualquier castigo que crean que existe. Así, la religión nos introduce al concepto de salvarnos, liberarnos o preservarnos de cualquier daño. Entonces, ¿cómo una persona alcanza la salvación? ¿La logra por la fe, por las buenas obras, o por una combinación de ambas?

La mayoría de las ramas del budismo tienden a afirmar que la salvación se puede lograr mediante el uso de recursos humanos internos, como la meditación, la sabiduría, el ascetismo y las buenas obras. En su mayor parte, hacen hincapié en la autoayuda. No existe concepto de Cielo e Infierno, sino que la salvación se logra a través del conocimiento y su capacidad de ayudarle a uno a escapar del ciclo de la muerte y la reencarnación. La fe aquí se refiere a un compromiso sincero con la práctica de las doctrinas de la religión, a fin de alcanzar un estado de iluminación.

También, en el hinduismo la salvación se logra al escapar del ciclo de muerte y reencarnación. Es un sistema de obras, lo que una persona debe hacer a fin de alcanzar el Moksha. Diversas creencias y prácticas se pueden encontrar entre los hindús, pero la fe en realidad no es importante, lo que importa es lo que haces: haz cosas buenas y tendrás una buena vida, haz cosas malas y experimentarás los resultados. En general, las religiones orientales tienden a centrarse más en las obras que en la fe.

El judaísmo enseña que la única forma de lograr la recompensa celestial es a través de las buenas obras, y nos dice que cualquiera que viva una vida moral, independientemente de su fe o su falta de ella, tiene "una parte del mundo por venir". En el cristianismo, sin embargo, la fe es un requisito si uno aspira a lograr la salvación. Para los cristianos, la fe es la creencia fuerte e inquebrantable de que Jesús fue sacrificado para expiar o pagar el precio por el pecado. Debido al sacrificio de Jesús, los cristianos son perdonados, alcanzan la salvación y son salvos de las consecuencias del pecado. Esto no puede lograrse a través de las buenas obras ni a través de oraciones y lecturas extra de la Biblia[1]. Pablo dijo en su carta a los Efesios: "Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte" (Efesios 2:8-9).

El Islam nos enseña que la salvación se alcanza por una combinación de creencia correcta y buenas obras. A diferencia del cristianismo, el Islam enseña que los seres humanos no tienen la necesidad de expiar los pecados de Adán y Eva, sino que nacen en un estado de total pureza, y aquellos que se convierten al Islam también comienzan en dicho estado. El concepto islámico de Paraíso e Infierno nos ofrece dos opciones: someternos a Dios y obedecer Sus mandamientos, y así alcanzar una vida eterna feliz; o elegir no hacerlo y languidecer en el Infierno. Someterse a Dios significa que los musulmanes siguen una vía intermedia, un camino de moderación en todas las cosas, sin ir jamás a los extremos; y la salvación depende de tener la creencia correcta y hacer las obras correctas. Nuestra fe se basa en una creencia fuerte con una práctica continua y acciones discernibles: pensamiento interior combinado con actos externos.

"… los creyentes que obren rectamente obtendrán el perdón y una gran recompensa" 

(Corán 35:7)

El Islam nos enseña que las buenas obras no son nada por sí mismas, sino que son parte de la fe, una cosa no está completa sin la otra; por lo tanto, no hay debate acerca de qué es mejor o de cuál es correcta. El Islam dice que la fe fuerte consiste en tres partes: la creencia en el corazón y con el intelecto, la afirmación a través de nuestras palabras, y nuestras obras buenas y rectas. Sobre este tema no existe desacuerdo alguno entre los eruditos musulmanes, y ellos nos dicen que la fe aumenta con los actos de obediencia y disminuye con los actos de desobediencia o pecados.

En el Corán, las obras rectas son mencionadas a menudo inmediatamente después de la creencia.

"… quienes hayan creído y obrado rectamente serán los moradores del Paraíso, donde vivirán eternamente"

(Corán 2:82)

"A quienes crean y hagan buenas obras les perdonaré sus faltas y los recompensaré por lo mejor de sus actos"

(Corán 29:7)

Sin embargo, es importante entender que no hay recompensa por las buenas acciones que no están acompañadas por la creencia correcta. Por ejemplo, si los actos son hechos por alguien o algo distinto a Dios, son rechazados. Si las buenas obras solo son hechas para recibir alguna recompensa terrenal, también son rechazadas. Los actos del creyente deben ser inherentemente buenos y no simplemente dar la apariencia de ser buenos. Por ejemplo, dar caridad para exhibirse puede parecer una buena obra, pero la intención real es exhibirse. En un dicho muy famoso, el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) nos dijo que "los actos valen según sus intenciones, y todos serán recompensados de acuerdo a su intención"[2].

En conclusión, los eruditos del Islam han dicho que la solidez de la fe de una persona depende de lo que está en su corazón, de su testimonio de fe, y de abstenerse de pronunciar palabras de incredulidad. También depende de las obras de la persona, como poner en acción los cinco pilares del Islam[3]. Sin embargo, habiendo establecido las bases de cómo la creencia y las buenas obras están interconectadas, es importante resaltar que nadie entrará al Paraíso con base solo en la fe, el Paraíso se alcanza por la gracia de Dios. El Profeta Muhammad les dijo a sus compañeros que "… ninguno de ustedes logrará la salvación en virtud a sus propias obras". La gente le preguntó: "Mensajero de Dios, ¿ni siquiera tú?"; a lo que él contestó: "Ni siquiera yo, a menos que Dios me cubra con Su misericordia y Su gracia".

La creencia correcta, combinada con las acciones correctas, le asegurará a una persona la gracia de Dios.

"Él responde [las súplicas] a quienes creen y obran rectamente, y les aumenta Su favor" 

(Corán 42:26)

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