La clasificación de las religiones

La humanidad se divide en lo que respecta a sus credos en dos categorías:

Una categoría son los que tienen un Libro que les fue revelado, como son judíos, cristianos y musulmanes. En cuanto a los judíos y cristianos, los Libros que les fueron revelados a los Profetas se han perdido como resultado de tergiversaciones y cambios que sufrieron con el pasar del tiempo. Por ello, los sacerdotes escribieron algunos libros y dijeron que provenían de Allah cuando en realidad no eran más que suposiciones erróneas o distorsiones de fanáticos.

En cuanto al libro de los musulmanes (el Sagrado Corán), es el último Libro Divino en ser revelado. Allah garantizó su conservación y no se la delegó a los hombres. Dice Allah:

“Ciertamente Nosotros hemos revelado el Corán y somos Nosotros sus custodios.”

(Corán 15:9)

El Corán está, entonces, conservado en los corazones de las personas y en el Libro, pues es el último Libro que Allah reveló para guiar a la humanidad. Él ha hecho del libro una prueba hasta la Última Hora y ha decretado su perpetuidad. Él provee a todos quienes cumplan lo allí establecido por sus palabras, actúen según su ley y crean en él. Más adelante se darán mayores explicaciones sobre este Libro en otra sección.

Existe otro segmento de seguidores religiosos que no tienen un Libro revelado por Allah, aunque sí poseen un libro heredado que se le atribuye al fundador de la religión, como los hindúes, zoroastrianos, budistas, confucionistas y paganos.

No existe un pueblo que no tenga algún conocimiento y lleve a cabo algunas actividades por medio de las cuales se logren sus intereses mundanos. Ese es el conocimiento general que Allah le dio a todos los seres vivos, incluso a los animales; pues el animal también es guiado sobre cómo obtener beneficios como alimento y agua y cómo evitar el peligro; y Allah ha creado en él el amor por lo primero y el rechazo por lo segundo. Dice Allah:

“Glorifica a tu Señor, el Altísimo, Quien creó todas las cosas a la perfección. Y decretó para cada ser su función.”

(Corán 87:1-3)

También dice, informándonos de lo que el Profeta Moisés le dijo al Faraón:

“Dijo [Moisés]: Nuestro Señor es Quien creó cada cosa con una naturaleza y una forma particular, y luego dispuso un orden entre todas ellas.”

(Corán 20:50)

También nos informa que el Profeta Abraham le dijo a Su Señor:

“El que me ha creado es el mismo que me guía.”

(Corán 26:78)

Toda persona en sus cabales, que tenga un mínimo de reflexión y sentido de la razón, entiende que los seguidores de las religiones son mejores en las ciencias útiles y las buenas acciones que los que no tienen religión. Por lo tanto, lo que se encuentre de asuntos beneficiosos entre los no musulmanes y seguidores de otras religiones, pues los musulmanes poseen algo mejor y más perfecto, de tal manera que los seguidores de las religiones poseen lo que otros no. Existen dos clases de ciencias y acciones:

Primero: Aquello que se logra mediante la inteligencia y la razón, como la astronomía, las ciencias médicas y las vocaciones. Si bien los seguidores de las religiones y los ateos son iguales en la posesión de estos aspectos; los seguidores de las religiones son superiores. En cuanto a aquellas cosas que no se pueden conocer por medio de la razón, como la teología y las ciencias religiosas, las mismas son prerrogativas de los seguidores de las religiones. En este tipo de conocimiento también está aquello que puede ser probado por evidencias lógicas, por eso los Mensajeros guiaron a los hombres hacia las evidencias lógicas que lo prueban, lo cual es lógico y lícito.

Segundo: Lo que no se puede conocer excepto mediante la información brindada por los Mensajeros. Este tipo de conocimiento y acciones no se pueden lograr mediante la razón humana, como el conocimiento de Allah, Sus Nombres y Atributos, la bendición del Más Allá para quien obedezca a Allah y el castigo para quienes Le desobedecen, las explicaciones de Sus mandamientos y la información sobre los Profetas anteriores y los pueblos, y demás.[1]

  1. Ver Maymu’ Fataawaa Shaijul Islaam 4 p. 210-211.


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