Contenido

content

Content of article

Los creyentes entraron en el arca en el nombre de Dios, tal y como los musulmanes de hoy día comienzan cada cosa que hacen en el nombre de Dios.

“Embarcad [y decid]: ¡Qué en el nombre de Allah navegue y ancle! Por cierto que mi Señor es Absolvedor, Misericordioso. Y [el Arca] navegó con ellos entre olas como montañas…”

(Corán 11:41-42)

Noé construyó el Arca de acuerdo a las instrucciones de Dios con tablas y clavos, y mantuvo a los creyentes a salvo de la lluvia torrencial y del agua que brotaba de la tierra. Luego el interior de la tierra se movió de maneras inusuales y el fondo de los océanos aumentó en arrebatos repentinos, causando olas que inundaron la tierra. Estas olas, tan grandes como montañas, lo sumergieron todo, alcanzaron al arca haciéndola aparecer tan frágil como una caja de cerillas arrojada al mar. Esta construcción, hecha de madera, se convirtió en un barco de seguridad y protección, ya que sus pasajeros tuvieron verdadera fe y confianza en Dios.

Desde su lugar seguro en el Arca, Noé pudo ver a uno de sus hijos rodeado por las aguas. Noé gritó a su hijo, implorándole que subiera al Arca y dejara a los incrédulos a su suerte. El hijo, sin embargo, estaba pensando en términos de este mundo y no con confianza en Dios. Él respondió que iba a irse a una montaña, sin imaginar que las olas iban a cubrir la montaña. Noé le rogó a su hijo diciendo: “Nada puede salvarte este día, excepto la misericordia de Dios”. El hijo se rehusó y se ahogó.

“…y Noé llamó a su hijo que se encontraba en un lugar apartado: ¡Oh, hijito mío! Embárcate con nosotros y no te cuentes entre los incrédulos. Dijo [su hijo]: Me refugiaré en una montaña que me protegerá de las aguas. Dijo [Noé]: Hoy no habrá nada que pueda socorreros del designio de Allah, y sólo se salvará aquel a quien Allah le tenga misericordia; y las olas se interpusieron entre ambos, y [su hijo] se contó entre los ahogados”

(Corán 11:42-43)

El diluvio termina

“Y fue ordenado: ¡Oh, tierra! Traga tu agua. ¡Oh, cielo! Deja de llover. Y entonces el agua fue descendiendo y así se cumplió el designio [y los incrédulos fueron destruidos], y [la embarcación] se detuvo y se asentó sobre el monte Yudii, y fue dicho: ¡La maldición recayó sobre los inicuos y fueron exterminados!” 

(Corán 11:44)

A diferencia de las tradiciones cristiana y judía, el Islam no menciona a Noé enviando a un pájaro (ni una paloma ni un cuervo) a buscar tierra firme. Por el contrario, por orden de Dios se detuvo la lluvia y el agua dejó de brotar de las grietas de la tierra. La calma volvió y el sol comenzó a brillar. El diluvio había limpiado la tierra de la idolatría y de los incrédulos. Ni una sola persona que había descreído de Dios permaneció en la tierra. La tierra se tragó el agua y el Arca se posó sobre el monte Yudii (que se cree está en la actual Turquía).

Noé fue un Profeta y líder de los hombres, pero también fue padre. Se volvió a Dios con tristeza y lloró:

“¡Oh, Señor mío! Por cierto que mi hijo era parte de mi familia [y pensé que no sería destruido]; Tu promesa es verdadera, y Tú eres el mejor de los jueces”

(Corán 11:45)

Noé recordó que Dios había prometido salvar a su familia. Noé no dudaba de la palabra y las promesas de Dios, pero quería entender. Así Dios le enseñó a Noé una lección.

Los seres humanos hemos asignado significados específicos a las distintas palabras de las lenguas que hablan, pero Dios a menudo les puede dar un nuevo significado, más amplio. Por ejemplo, la palabra oración originalmente significa suplicarle a Dios, pero el Islam vino y le dio un nuevo sentido, convirtiéndola en un ritual que se realiza cinco veces al día. Cuando utilizamos la palabra familia, pensamos en lazos consanguíneos y relaciones, y Noé estaba implorando a Dios porque su hijo era de su familia. Dios le dijo a Noé que su hijo definitivamente no era parte de su familia debido a que era injusto. La verdadera familia son los creyentes rectos de Dios.

“Dijo Allah a Noé: ¡Oh, Noé! Ciertamente él no era de [los que se salvarían de] tu familia, pues obró en forma impía [e incrédula]; no Me cuestiones sobre lo que careces de conocimiento. Te advierto para que no te cuentes entre los ignorantes”

(Corán 11:46)

Noé entendió. Dijo:

“Dijo [Noé]: ¡Oh, Señor mío! Me refugio en Ti de cuestionarte algo sobre lo que no tengo conocimiento; si no me perdonas y te apiadas de mí, me contaré entre los perdedores”

(Corán 11:47)

Noé liberó a los animales, pájaros e insectos, y éstos se dispersaron por toda la tierra. Noé y su familia (los creyentes) desembarcaron, y entonces Noé tocó la tierra con su cabeza en postración. En este punto el Corán y las narraciones del Profeta Muhammad dejan la historia de Noé. No sabemos cómo continuaron sus asuntos con su pueblo, ni qué ocurrió con su familia. Todo lo que podemos determinar es que en su lecho de muerte Noé llamó a sus hijos a su lado y les pidió adorar al Único Dios: El Creador y Sustentador del Universo.

Dijo el Profeta Muhammad:

“Cuando la muerte de Noé, el Mensajero de Dios, se acercó, él advirtió a sus hijos: ‘Les voy a dar dos consejos durables: les ordeno hacer dos cosas y les advierto también de no hacer otras dos. Los exhorto a creer que no hay divinidad sino Dios, y que si los siete cielos y las siete tierras fueran puestos juntos en un plato de una balanza, y las palabras ‘no hay divinidad sino Dios’ fueran puestas en el otro plato, estas palabras pesarían más que lo otro. Les advierto que no asocien a nada con Dios ni sean orgullosos”

(Sahih Al Bujari)

La mayoría del pueblo de Noé rechazó su mensaje, pero el mensaje sobrevive en los corazones y las mentes de los musulmanes de hoy día. Las palabras de consuelo y las esperanzas de salvación que Noé transmitió a sus hijos mientras estaba en su lecho de muerte, siguen siendo parte de la creencia de los musulmanes y confirman su actitud hacia Dios. Pues el Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él, también nos dice que Dios establece un pacto con los creyentes: Si no adoramos a otros dioses junto con Dios, Él no nos negará el cielo.

Comentarios