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Los paralelos religiosos son tan obvios que no requieren explicación. Podemos razonablemente preguntar cómo es que los cultos de Isis y Osiris tomaron la marca de la cruz de San Andrés en su pan consagrado dos mil años antes de que naciera San Andrés. ¿Clarividencia por parte de los egipcios, o plagio religioso por parte de San Andrés? Además, hay similitudes sorprendentes entre los misterios del cristianismo paulino y los de los cultos de Isis y Osiris, misterios que incluyen el nacimiento virginal (Isis la madre virgen, Horus el hijo) y el sacrificio expiatorio de Osiris seguido por su resurrección, tras la cual asumió el papel de redentor. Justino mártir, el famoso apologista cristiano, rechazó estas similitudes declarando que Satanás había copiado las ceremonias cristianas a fin de inducir al error al resto de la humanidad[1]. Sin embargo, si tomamos nota de la secuencia temporal, estas prácticas eucarísticas y misterios de fe tempranos precedieron a los del catolicismo por más de dos mil años.

Considerando este hecho, T. W. Doane concluyó razonablemente:

Estos hechos muestran que la Eucaristía es otra pieza de paganismo adoptada por los cristianos. La historia de Jesús y sus discípulos en la última cena, donde el Maestro partió el pan, puede ser verdad, pero la afirmación de que él dijo "hagan esto en recuerdo mío", "este es mi cuerpo" y "esta es mi sangre", sin duda fue inventada para darle autoridad a la ceremonia mística que había sido tomada del paganismo[2].

¿Afirmaciones inventadas, en la Biblia? ¿Cómo puede ser posible, cuando todos los evangelios registran las palabras de Jesús en la última cena? Bueno, todos menos uno, en realidad. De acuerdo con Juan 13:1, Jesús fue arrestado antes del festín pascual. Entonces, ¿Juan está en contra de los sinópticos? O mejor aún, ¿Juan está contra Q (abreviación de la palabra alemana quelle, que significa "fuente"), el documento fuente común hipotético de los evangelios sinópticos?

Para evitar malas interpretaciones: los católicos no toleran una interpretación simbólica de sus rituales sacramentales. El Concilio de Trento (1545–63 d. C.) estableció leyes con respecto a la supuesta transubstanciación de la Eucaristía, y esas leyes permanecen hasta la actualidad. Ni siquiera el muy liberal Concilio Vaticano Segundo (1962–65) cambió esto. En resumen, el juicio del Concilio de Trento dice:

Canon 1: Si alguien niega que en el sacramento de la Eucaristía Santísima están contenidos real y sustancialmente el cuerpo y la sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo y, por lo tanto, Cristo entero, sino que afirma que Él está solo como señal, figura o fuerza, sea anatema[3].

En otras palabras, quien considere que el pan y el vino de la Eucaristía son meramente simbólicos, es anatema (es decir, maldito y excomulgado). Este juicio está reforzado por el siguiente:

Canon 6: Si alguien dice que en el santo sacramento de la Eucaristía, Cristo, el unigénito de Dios, no debe ser adorado con la adoración de latría[4], también manifestada externamente, y por lo tanto no debe ser venerado con una solemnidad festiva especial, ni llevado en procesión solemne de acuerdo al rito y la costumbre laudables y universales de la Santa Iglesia ni ser puesto públicamente frente a la gente para que lo adore la gente, y afirma que los que lo adoran son idólatras, sea anatema[5].

En otras palabras, quienes se niegan a adorar, venerar o glorificar sufrirán el mismo destino que quienes consideran la Eucaristía como simbólica. Estas leyes católicas se mantienen en los libros hasta el día de hoy, lo que explica por qué muchas denominaciones protestantes se han escindido de sus primos católicos y han abolido o diluido su veneración a la Eucaristía. Esta reacción es particularmente fácil de entender, pues muchas culturas paganas enseñaron la asimilación de las cualidades de los tótem ancestrales a través de comer "pan transmutado en carne". Qué grupo es el que tiene el verdadero bocadillo sagrado sigue siendo tema de debate.

Regresando al tema central, la Iglesia Católica respondió al Quinto Concilio de Constantinopla de 754 d. C. convocando al Segundo Concilio de Nicea en 787 d. C. Este concilio restauró la adoración de imágenes sobre la base de que "la adoración de imágenes está de acuerdo con las Escrituras y con la razón, para los padres y los concilios de la iglesia"[6].

De repente, la teoría de ciertos clérigos que consumían hongos alucinógenos en el siglo VIII comenzó a parecer muy buena. Tenemos que preguntarnos qué padres apostólicos y qué escrituras consultó este concilio, y cómo es que esta decisión "está de acuerdo con las Escrituras y con la razón".

En cualquier caso, aquellas comunidades religiosas que se opusieron a la idolatría cristiana fueron "limpiadas" por los ejércitos católicos. Comenzando con la masacre de cristianos unitarios a mediados del siglo IX, la emperatriz Teodora ganó la dudosa distinción de ser aquella "que restauró las imágenes para la Iglesia Oriental [ortodoxa]"[7]. Todos los esfuerzos subsecuentes para erradicar las imágenes en la Iglesia fueron anulados, resultando en las prácticas idólatras que vemos hoy día.

Más preocupante aún es la adopción de ídolos humanos. El culto a los sacerdotes surgió a comienzos del siglo XIII, con los sacerdotes actuando como intermediarios para la confesión y la absolución de los pecados. El culto al Papa se manifestó en el ritual de besar el pie o el anillo del Papa. La doctrina de la infalibilidad papal, definida por el Papa Pío IX en el Concilio Vaticano Primero en 1869–1870, estableció al Papa como rival de Dios. La adoración a María y el título de "Madre de Dios" fueron canonizados mucho antes, en el Concilio de Éfeso, en 431 d. C. Dirigirles oraciones a los santos, ángeles y la Virgen María fue aprobado oficialmente a partir de comienzos del siglo VII. La famosa oración a la Virgen María, el Avemaría, se retrasó unos miles de años y recibió formulación oficial en el breviario reformado del Papa Pío V en 1568. Sin embargo, entre todos los seres humanos sujetos a adoración, Jesucristo es por mucho el mortal más adorado que jamás haya pisado la Tierra.

  1. Doane, Thomas W. p. 307.
  2. Ibíd. p. 312.
  3. Schroeder, Rev. Henry J., O.P. 1941. Cánones y decretos del Concilio de Trento (texto original con traducción al inglés). Londres: B. Herder Book Co. p. 79.
  4. Ibíd. p. 80.
  5. Latría, reverencia, culto y adoración que solo se debe a Dios, en oposición a dulía (honor dado a los santos) e hiperdulía (honor dado a la Virgen María) (McBrien, Richard P. [editor general]. 1995. HarperCollins Enciclopedia del Catolicismo. Nueva York: HarperCollins Publishers).
  6. Gibbon, Edward. Esq. Vol. 5, Capítulo XLIX, p. 397.
  7. Ibíd. Vol. 6, Capítulo LIV. p. 242.


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