Mucha gente se sorprende al descubrir que los
musulmanes también creen en muchos de los Profetas encontrados en las
tradiciones judía y cristiana. Noé, Abraham, Moisés y Jesús, entre muchos
otros, ocupan un lugar destacado en las páginas del Corán. Creer en todos los Profetas
de Dios y en todos los Libros revelados son dos de los pilares de la fe en el
Islam; por lo tanto, los musulmanes aceptan la Torá y el Evangelio de Jesús.
Sin embargo, también creen que estos libros fueron alterados o perdidos con el
transcurso del tiempo. En consecuencia, los musulmanes creen sólo lo que ha
sido confirmado en el Corán o en las tradiciones auténticas del profeta Muhammad.
En el Antiguo Testamento se hace
referencia a un descendiente de Noé llamado Eber. En algunas tradiciones se lo
llama Heber, y es conocido como el padre de la lengua hebrea. En el
Islam, sin embargo, podría ser Hud[2]
y es uno de los cuatro Profetas árabes, los otros tres son Saleh, Jetró y Muhammad.
El renombrado erudito islámico del siglo XIV, Ibn Kazir, reporta que Ibn Yarir también
afirmó que Hud era descendiente de Noé.
Enviado por Dios a sus hermanos, Hud difundió
el mensaje de que Dios es Uno y que sólo debemos adorarlo a Él. Es el mismo
mensaje difundido por todos los Profetas de Dios. Hud le dijo a su gente:
“¡Oh, pueblo mío! Adorad sólo a Allah, pues no existe otra divinidad salvo Él”
Hud pertenecía a la antigua civilización conocida como Ad, y
su capital se cree que fue la legendaria ciudad de Ubar, conocida en el Corán
como Iram. (89:6-7)
Se cree que Ad estaba situada en las
colinas costeras entre Omán y Yemen. Su pueblo era conocido por construir
torres elevadas, y por ello el área era denominada “la tierra de las mil
columnas”. Fue una civilización grandiosa. Dios bendijo a Ad y a su gente. Les
brindó tierras fértiles y agricultura en abundancia, muchos niños, una gran
variedad de ganado y fácil acceso a recursos hídricos. Su gente era descrita
como alta, fuerte y de buena constitución.
En muchos sentidos, Ad puede ser
descrita como una sociedad similar a muchas de las sociedades opulentas que
existen hoy día. Hubo un exceso de riqueza y la gente orgullosa y arrogante no
estaba conforme con satisfacer sus necesidades básicas. Comenzaron a construir
torres y viviendas sólo para mostrar su riqueza y su acumulación de posesiones
mundanas, como si fueran un pueblo destinado a vivir para siempre.
Los gobernantes y líderes de Ad fueron
tiranos poderosos, sus riquezas no los suavizaron, como a veces sucede, sino
que se fortalecieron y dominaron las tierras a su alrededor. Satanás estuvo
entre ellos e hizo que sus obras les parecieran justas. Su arrogancia y orgullo
crecieron y la adoración de ídolos se hizo frecuente.
El Profeta Hud también fue un hombre
fuerte, pero utilizó su fuerza para enfrentar los problemas que abundaban en su
sociedad; sin embargo, la gente era demasiado orgullosa como para escucharlo.
Ellos no querían que Hud les señalara sus errores, pero él insistía en
llamarlos a la rectitud. Dijo:
“¡Oh, pueblo mío! Pedid perdón a vuestro Señor y arrepentíos, así Él os enviará del cielo copiosas lluvias y os aumentará vuestro poderío, y no os apartéis [de vuestro Señor] ensoberbecidos”.
Hud trató de explicarle a su gente que
sólo buscar el perdón de Dios por su rebeldía y su arrogancia lograría aumentar
su fuerza y riqueza. Dios, les dijo, premiaría su arrepentimiento con lluvias
abundantes y aumentando su poder. De modo similar que otros pueblos arrogantes
a lo largo del tiempo, el pueblo de Ad miró a Hud con desdén, ellos miraban a
su alrededor y veían que eran la nación más poderosa que existía.
El pueblo rico y arrogante de Ad discutió
con Hud sobre la naturaleza del Día del Juicio. Ellos creían que después de la
muerte el cuerpo se convertía en polvo y era arrastrado por el viento. La gente
de Ad, de forma muy parecida a la gente de la actualidad, creía que el
propósito de la vida era acumular riqueza, prestigio y posesiones. Cuando Hud hizo
que confrontaran la realidad de sus vidas y les señaló que estaban alejados del
Único Dios, sus pechos arrogantes se hincharon de orgullo y lo acusaron de
loco. Ellos se preguntaban por qué un hombre que comía y bebía igual que ellos
podía tener una visión tan distinta de la vida. Con sus ojos fijados firmemente
en la riqueza y el lujo, la gente de Ad se convencía a sí misma que seguir a Hud
sería cosa de locos.
“En verdad no hay otra vida más que la mundanal, vivimos, morimos, y no seremos resucitados. Él es sólo un hombre que ha inventado una gran mentira acerca de Dios, y no le creeremos”.
Eventualmente, la gente de Ad miró a Hud
y dijo:
“Sabemos por qué estás loco, nuestros dioses (ídolos) te han castigado porque los has insultado”
Hud se volvió
hacia Dios y renunció a su pueblo. Sabía que el castigo de Dios sería rápido y
severo. La sequía se extendió por toda la tierra que antes era fértil y
abundante. La gente miraba al cielo con la esperanza de ver señales de lluvia.
El castigo fue evidente, pero aun así la gente de Ad se burlaba de Hud y lo
ridiculizaba.
Un día fatídico, el clima cambió. El
calor sofocante dio paso a un frío cortante y el viento comenzó a aullar. El
viento salvaje aumentó con cada nuevo día y la gente comenzó a buscar refugio.
El huracán se extendió durante más de una semana. Destrozó tiendas de campaña y
viviendas, y arrancó las ropas y la piel del cuerpo.
Fueron destruidos por un viento furioso y violento que Dios les impuso durante siete noches con sus días, de modo que se podía ver a los hombres caídos (derribados) como si fueran troncos huecos de palmeras
Ibn Kazir nos cuenta que el furioso
vendaval no se detuvo hasta que toda la región, una vez exuberante y verde,
estuvo reducida a ruinas y tragada por las arenas del desierto. Sólo Hud y su
pequeño grupo de seguidores se salvaron, y se cree que emigraron a la zona de Hadramaut
en lo que hoy se conoce como Yemen.
Epílogo
Se dice que Ubar era un
remoto oasis en el desierto y un gran centro de comercio habitado por gente
rica y poderosa. La leyenda dice que se perdió en una gran tormenta de arena
que sepultó toda la zona. En 1992, la legendaria ciudad perdida fue descubierta
utilizando datos de sensores remotos. Las imágenes de satélite expusieron una
gran área de dunas de arena, bajo las que se encontró una gran rambla o lecho
de río seco. Ubar actualmente está en fase de excavación y la evidencia ha
revelado una ciudad fortificada octogonal con torres de 9 metros y gruesas
paredes.
Enciclopedia Bíblica Estándar Internacional, http://www.studylight.org/enc/...
Basado en Historias de los Profetas por Ibn Kazir.
http://www.jpl.nasa.gov/radar/...