En el Islam, Jesús está considerado como uno de los cinco grandes Profetas
enviados por Dios a la humanidad. El conocimiento de los musulmanes acerca de
Jesús está basado en dos principales fuentes de conocimiento islámico: el
Sagrado Corán y los reportes auténticos narrados del Profeta Muhammad (que la
paz y las bendiciones de Allah sean con él). En el Corán, Jesús está mencionado
como ‘Isa ibn Mariam, es decir, Jesús hijo de María. La historia de María y
Jesús es mejor descrita en el Corán en los capítulos 3 y 19.
María: una niña precoz
La historia de María comienza con la bendición y
protección que Dios le brindó cuando era niña. María nació en la familia
piadosa de ‘Imran. Muchas personas disputaron el honor de cuidar de la niña,
pero la responsabilidad le fue concedida al Profeta Zacarías, que era un hombre
anciano y sin hijos, quien inmediatamente notó que la pequeña niña era especial.
Un día, Zacarías notó que la muchacha tenía en su posesión ciertas provisiones
que él no había traído. Le preguntó de dónde había salido esa comida, y ella
respondió:
“… De Dios; porque Dios sustenta sin medida a quien Le place”.
Esta simple respuesta tuvo un profundo impacto en el
anciano. Habiendo deseado tanto tiempo un hijo, el devoto Zacarías rezó a Dios
por ello. Como relata el Corán en el siguiente verso, sus oraciones fueron
respondidas casi inmediatamente, aunque su esposa era estéril y anciana:
“Allí Zacarías invocó a su Señor diciendo: ¡Señor mío! Concédeme una descendencia buena, Tú escuchas los ruegos. Entonces los ángeles lo llamaron cuando oraba en el templo diciendo: Allah te albricia con el nacimiento de Juan, quien corroborará la Palabra de Allah, será noble, casto, y un Profeta virtuoso”.
La singularidad de María, notada por Zacarías, fue
señalada por los ángeles:
“Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te ha elegido y purificado. Te ha elegido entre todas las mujeres del universo. ¡Oh, María! Adora a tu Señor, prostérnate e inclínate con los orantes”.
Aquí, la historia de la crianza y niñez de María, tal
como está relatada en el Corán, termina.
El milagro de
Jesús (la paz sea con él)
En el capítulo 19, titulado “María”, leemos nuevamente
acerca de la historia de esta singular mujer:
“Y narra [¡oh, Muhammad!] la historia de María que se menciona en el Libro [el Corán], cuando se apartó de su familia para retirarse a un lugar al este. Y puso un velo para apartarse de la vista [mientras adoraba a Dios] de los hombres de su pueblo. Entonces le enviamos Nuestro espíritu [el ángel Gabriel], quien se le presentó con forma humana. Ella dijo: Me refugio de ti en el Clemente, si es que temes a Dios. Le dijo: Soy el enviado de tu Señor para agraciarte con un hijo puro. Ella dijo: ¿Cómo he de tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre ni soy una indecente? Así será, le respondió, pues tu Señor dice: Ello es fácil para Mí. Y lo convertiremos en un signo para la humanidad y una misericordia. Es un asunto decidido. Lo concibió, y decidió retirarse a un lugar apartado”.
Por la descripción coránica de los eventos, podemos
deducir que María pasó la mayor parte de su embarazo sola. Lo que le sucedió a
ella durante este período no está mencionado en el Corán. El Corán toma la
historia de María a partir del momento en que comienza sus labores de parto.
“Los dolores de parto la llevaron junto al tronco de una palmera. Exclamó: Preferiría haber muerto antes de esto, y así se me hubiera olvidado completamente. Entonces [el Ángel] la llamó desde abajo [del valle]: No te apenes, tu Señor ha hecho fluir debajo de ti un arroyo”.
Dios, conociendo la reacción de la sociedad, la guio
sobre cómo tratar con ello:
“Sacude el tronco de la palmera y caerán sobre ti dátiles maduros y frescos”.
Cuando ella regresó a su gente con Jesús, ellos le
preguntaron, y como el bebé estaba en sus brazos, él mismo les respondió. El
Corán describe la escena en detalle:
“[¡Oh, María!,] Come, bebe y conténtate. Y cuando veas a algún hombre dile: Por cierto que he realizado un voto de silencio por el Clemente, y no hablaré con nadie hoy. Se presentó ante su pueblo llevándolo en brazos [a Jesús]. Le dijeron: ¡Oh, María! Ciertamente has hecho algo inaudito. ¡Oh, tú que desciendes de Aarón! Tu padre no era un hombre deshonesto ni tu madre una indecente. Ella lo señaló [al niño], y entonces le dijeron: ¿Cómo hemos de hablar con un niño que aún está en la cuna? Entonces [Jesús] habló: Por cierto que soy el siervo de Dios. Él me revelará el Libro y hará de mí un Profeta. Seré bendecido doquiera me encuentre, y me ordenará hacer la oración y pagar el Zakat mientras viva. Y me hará benevolente con mi madre. No dejará que sea soberbio ni rebelde. La paz fue conmigo el día que nací, será conmigo el día que muera y el día que sea resucitado”.
Y así Jesús defendió a su madre, aun cuando era un bebé,
de cualquier acusación de adulterio, y desde la cuna explicó quién era y por
qué había sido enviado por Dios.
Aquí termina la historia de María y el milagroso
nacimiento de uno de los más grandes Profetas de Dios, Jesús (la paz sea con
él).
“Éste es Jesús, hijo de María, es la verdad sobre la que ellos dudan [la Gente del Libro]”.