Estimada y amada por todos los musulmanes,
y conocida como mujer piadosa y devota, María, la madre de Jesús, fue escogida
por sobre todas las mujeres. El Islam rechaza la noción cristiana de que Jesús
es parte de una trinidad que es Dios, y niega enfáticamente que Jesús o su
madre, María, sean dignos de adoración. El Corán declara categóricamente que no
hay divinidad sino sólo Dios.
“¡Ése es Dios, vuestro Señor! No hay más divinidad que Él, Creador de todas las cosas. Adoradle, pues. Él es el Protector de todas las cosas”.
A los musulmanes se les exige, sin
embargo, creer en y amar a todos los Profetas, incluyendo al Profeta Jesús, que
ocupa un lugar especial en el credo islámico. Su madre, María, ocupa un lugar
de honor. Cuando era joven, María ingresó a la Casa de Oración en Jerusalén,
dedicando su vida entera a la adoración y al servicio de Dios.
María escucha las noticias de Jesús
Mientras estaba aislada de todo el
mundo, un hombre se apareció frente a María. Dios dice:
“Y puso un velo para apartarse de la vista [mientras adoraba a Dios] de los hombres de su pueblo. Entonces le enviamos Nuestro espíritu [el Ángel Gabriel], quien se le presentó con forma humana”.
María sintió temor y trató de huir.
Acudió a Dios diciendo:
“Me refugio de ti en el Clemente, si es que temes a Dios. Le dijo: Soy el enviado de tu Señor para agraciarte con un hijo puro”.
María se sorprendió y quedó
desconcertada con estas palabras. Ella no estaba casada, por el contrario, era
una virgen que se había mantenido casta. Preguntó incrédula:
“¡Oh, Señor mío! ¿Cómo podré tener un hijo si no me ha tocado ningún hombre? Le respondió: ¡Así será! Dios crea lo que Le place. Cuando decide algo, sólo dice: ¡Sé!, y es”.
Dios creó a Adán del polvo de la
Tierra, sin padre ni madre. Creó a Eva a partir de una costilla de Adán. Y a
Jesús lo creó sin padre, pero con una madre, la piadosa y virgen María. Dios,
que sólo tiene que decir “Sé” a una cosa para traerla a la existencia, insufló
el espíritu de Jesús en María a través del ángel Gabriel.
“…infundimos en ella [1] [a través del Ángel Gabriel] Nuestro Espíritu. Ella creyó en la veracidad de las Palabras [de Dios] y en Su Libro, y se contó entre las devotas”.
Aunque las historias de María en el
Corán y en la Biblia tienen muchos aspectos en común, la visión de que María
estaba desposada o casada es totalmente rechazada por el Islam. El tiempo pasó,
y María tuvo temor de lo que diría la gente a su alrededor. Se preguntó cómo
podrían ellos creer que ningún hombre la había tocado. La mayoría de los
eruditos del Islam están de acuerdo en que la duración del embarazo de María
fue normal. Luego,
cuando llegó el momento del parto, María decidió dejar Jerusalén y viajar hacia
la ciudad de Belén. A pesar de que María debió haber recordado las palabras de
Dios, pues su fe era fuerte e inquebrantable, esta joven mujer estaba ansiosa e
inquieta. Pero el ángel Gabriel le aseguró:
“¡Oh, María! Dios te albricia con Su Palabra [¡Sé!] Su nombre será el Mesías Jesús, hijo de María. Será distinguido en esta vida y en la otra, y se contará entre los más próximos a Dios”.
Nace Jesús
Los dolores de parto la empujaron a
aferrarse al tronco de una palmera datilera y gritó con angustia:
“Preferiría haber muerto antes de esto, y así se me hubiera olvidado completamente”.
María tuvo allí a su hijo, al pie de la
palmera datilera. Estaba exhausta después del parto, y llena de angustia y
miedo, pero a pesar de ello escuchó una voz que la llamaba.
“No te apenes, tu Señor ha hecho fluir debajo de ti un arroyo. Sacude el tronco de la palmera y caerán sobre ti dátiles maduros y frescos. Come, bebe y conténtate”.
Dios proveyó a María con agua, que
apareció como una corriente repentina bajo el lugar donde estaba sentada.
También la proveyó con comida, todo lo que tenía que hacer era agitar el tronco
de la palmera datilera. María estaba asustada y alarmada, se sentía muy débil,
acabando de dar a luz, así que, ¿cómo podía ella de alguna forma sacudir el
tronco inmenso de un árbol de dátiles? Pero Dios continuó proveyendo a María
con sustento.
El siguiente evento fue otro milagro, y
como seres humanos aprendemos una gran lección de ello. María no necesitó
sacudir la palmera datilera, lo que habría sido imposible, ella sólo tuvo que
hacer un esfuerzo. En cuanto intentó seguir el mandato de Dios, dátiles frescos
y maduros cayeron del árbol y Dios dijo a María:
“…Come, bebe y conténtate”.
María ahora tenía que llevar a su hijo
recién nacido y regresar para enfrentar a su familia. Por supuesto que tenía
miedo, y Dios lo sabía bien. Por lo tanto, Él la instruyó para que no hablara.
No le habría sido posible a María explicar cómo se había convertido de repente
en la madre de un niño recién nacido. Ya que era soltera, su pueblo no creería
sus explicaciones. Dios dijo:
“Y cuando veas a algún hombre, dile: Por cierto que he realizado un voto de silencio por el Clemente, y no hablaré con nadie hoy”.
María se dirigió a su gente llevando al
niño, y ellos de inmediato comenzaron a acusarla, exclamando: “¿Qué has hecho?
Eres de buena familia, y tus padres fueron piadosos”.
Tal como Dios le dijo, María no habló,
sólo señaló al bebé en sus brazos. Entonces, Jesús, hijo de María, habló.
Siendo un bebé recién nacido, Jesús, el Profeta de Dios, realizó su primer
milagro. Con el permiso de Dios, dijo:
“Por cierto que soy el siervo de Dios. Él me revelará el Libro y hará de mí un Profeta. Seré bendecido dondequiera me encuentre, y me ordenará hacer la oración y pagar el Zakat mientras viva. Y me hará benevolente con mi madre. No dejará que sea soberbio ni rebelde. La paz fue conmigo el día que nací, será conmigo el día que muera y el día que sea resucitado. Éste es Jesús, hijo de María, es la verdad sobre la que ellos dudan”.
María es mencionada en el Corán (5:75) como
una siddqa (veraz), pero la palabra árabe siddiqa implica más que
sólo hablar con la verdad. Significa que uno ha alcanzado un nivel muy alto de
rectitud. Significa que uno es veraz, no sólo consigo mismo y con quienes lo
rodean, sino también con Dios. María fue una mujer que cumplió su pacto con
Dios, a Quien ella adoró con total sumisión. Fue piadosa, casta y devota. La
mujer elegida por encima de todas las demás mujeres para ser la madre de Jesús
fue María, la hija de Imrán.
Esto se explica en los comentarios como una apertura en su ropa,
aunque el mismo versículo habla de “su castidad” (es decir, cuidándose a sí misma de la apertura a los
hombres para contraer matrimonio). Así, Dios insufló en lo que ella había
protegido, por medio del ángel Gabriel.
Adwaa’
al-Bayaan, 4/264.