Esa misma noche, el Sr. Khalil concluyó
dramáticamente:
“Tome mi decisión final. Por la
mañana hablé con mi esposa con la cual tengo tres hijos y una hija. Pero en
cuanto sintió que yo me inclinaba a abrazar el Islam, ella lloró y pidió ayuda
al presidente de la misión. Su nombre era Monsieur Shavits de Suiza. Era un
hombre muy astuto. Cuando me preguntó acerca de mi verdadera actitud, le dije
francamente lo que realmente quería y luego me dijo: Considérese despedido
hasta que descubramos lo que le ocurre. Luego le dije: esta es mi renuncia. Intentó
convencerme para que la pospusiera, pero insistí. Entonces rumoreó entre la
gente que yo me había vuelto loco. Luego sufrí una severa prueba y opresión
hasta que abandoné Aswan y regresé al Cairo”.
Cuando se le preguntó acerca de
las circunstancias de su conversión el contestó: “En el Cairo, me presentaron a
un respetado profesor quien me ayudó a sobreponerme de esta severa prueba, y lo
hizo sin saber nada acerca de mi historia. Me trató como un musulmán, ya que me
presenté como tal hasta ese momento no había abrazado el Islam oficialmente. El
era el Dr. Muhammad Abdul Moneim Al-Yamal, el subsecretario del tesoro de ese
momento. Estaba muy interesado en los estudios del Islam y quería realizar una
traducción del Sagrado Corán para ser publicado en Norteamérica. Me lo pidió a mí
porque yo hablaba inglés con fluidez ya que había obtenido mi título de una
Universidad Norteamericana. También sabía que estaba preparando un estudio
comparativo del Corán, la Tora y la Biblia. Cooperamos en este estudio comparativo y en la traducción del Corán.
Cuando el Dr. Yamal supo que había
renunciado a mi trabajo en Aswan y que me encontraba desempleado, me ayudó a
conseguir un trabajo en la Compañía Standard Stationery en el Cairo. Por lo tanto pude establecerme después de un corto
tiempo. No le comenté a mi esposa acerca de la intención de abrazar el Islam,
por lo tanto pensó que me había olvidado del asunto, y que estaba pasando por
una crisis transitoria que ya no existía. Pero yo sabía muy bien que mi
conversión oficial al Islam tendría grandes medidas complicadas, y era de hecho
una batalla que preferí posponer por un tiempo hasta que estuve bien después de
completar mi estudio comparativo”.
Luego continúo el Sr. Khalil:
“En 1955 completé mi estudio y mi
material y me establecí. Renuncié a la compañía y monté una oficina de
entrenamiento para importar artículos de papelería y artículos escolares. El
negocio fue un éxito y gané mucho más dinero del que necesitaba. De este modo decidí
declarar oficialmente mi conversión al Islam. El 25 de Diciembre de 1959, le envié
un telegrama al Sr. Thompson, presidente de la Misión Norteamericana en Egipto informándole
que había abrazado el Islam. Cuando le conté mi verdadera historia al Dr. Yamal
él se sorprendió. Cuando declaré mi conversión al Islam, comenzaron los
problemas. Siete de mis antiguos colegas en la misión intentaron persuadirme
para que cancelara mi declaración, pero me negué. Amenazaron separarme de mi
esposa y yo les dije: ella es libre de hacer lo que desee. Amenazaron con
matarme. Pero cuando se dieron cuenta de que era testarudo dejaron de
molestarme y me enviaron a un antiguo amigo mío también colega en la misión. El
lloró delante de mí. Por lo tanto recite frente a él el siguiente verso del
Corán:
“Y cuando oyen lo que le ha sido revelado al Mensajero ves que sus ojos se inundan de lágrimas porque reconocen la Verdad. Dicen: ¡Señor nuestro! Creemos, cuéntanos pues, entre quienes son testigos [de la Verdad]. ¿Y por qué no habríamos de creer en Alá y en lo que nos ha llegado de la Verdad si anhelamos que nuestro Señor nos introduzca [al Paraíso] con los justos?” (Corán 5:83-84)
Le dije:
“Deberías llorar humildemente ante
Dios al oír el Corán y creer en la verdad que sabes pero rechazas. Se paró y me
dejó ya que vio que no había manera de hacerme volver sobre mis pasos. Mi
conversión oficial al Islam se realizó en Enero de 1960”.
El Sr. Khalil fue interrogado por
la actitud de su esposa e hijos y respondió:
“Mi esposa me dejó en ese momento
y se llevó con ella todos los muebles de nuestra casa. Pero mis hijos se
unieron a mí y abrazaron el Islam. El mas entusiasta entre ellos fue mi
hijo
mayor Isaac quien cambió su nombre a Ozman, luego mi segundo hijo Joseph
y mi
hijo pequeño Samuel, cuyo nombre es ahora Yamal, y mi hija Máyida que se
llama
ahora Naywa. Ozman es ahora doctor en filosofía y trabaja como profesor
de la Universidad de Sorbonne en Paris, enseña estudios orientales y
psicología. También escribe en
la revista ‘Le Monde’. Con respecto a mi esposa, se fue por seis años y
acordó
regresar en 1966, con la condición de continuar con su religión. Acepté
esto,
porque en el Islam no se puede imponer la religión. Le dije a ella: no
quiero
que te conviertas en musulmanes por mi, sino cuando estés convencida.
Ella
siente ahora que cree en el Islam pero no puede declarar esto por miedo a
su
familia, pero la tratamos como musulmana, ella ayuna en Ramadán porque
todos
mis hijos rezan y ayunan. Mi hija Naywa estudia en la Facultad de
Comercio, Joseph es doctor farmacéutico y Yamal es ingeniero.
Durante este periodo, desde 1961
hasta el presente, pude publicar una cantidad de libros sobre el Islam y los métodos
de los misioneros y los orientalistas en su contra. Me encuentro ahora
preparando un estudio comparativo acerca de la mujer en las tres religiones divinas
con el objeto de destacar el estatus de la mujer musulmana. En 1973, realicé el
Hayy (peregrinación a La Meca) y estoy predicando el Islam. Realicé seminarios
en Universidades y sociedades caritativas. Recibí una invitación de Sudan en 1974
donde asistí a muchos seminarios. Mi tiempo es utilizado por completo en
servicio del Islam”.
Finalmente el Sr. Khalil fue preguntado
acerca de los hechos sobresalientes del Islam que han atraído la atención de la
mayoría. Y contestó:
“Mi fe en el Islam ha tenido lugar
a través de la lectura del Sagrado Corán y la Biografía del Profeta
Muhammad, que la paz y las bendiciones de Dios lo acompañen. Ya no creo
en los conceptos errados en contra del Islam, y me atrae especialmente
el
concepto de la unicidad de Dios, que es la característica más importante
del
Islam. Dios es solo Uno. Nada es como Él. Esta creencia me convierte en
el servidor
de Dios y de nadie más. La unicidad de Dios libera al hombre de la
servidumbre
de cualquier ser humano y esa es la verdadera libertad.
También me interesa mucho la regla
de perdón en el Islam y la relación directa entre Dios y Sus servidores.
“Diles [¡Oh, Muhámmad! a quienes transmitan Mi Mensaje que Yo digo]: ¡Oh, siervos Míos! Vosotros que os habéis excedido [cometiendo pecados] en detrimento propio, no desesperéis de la misericordia de Dios; por cierto que Alá puede perdonar todos los pecados, porque Él es Absolvedor, Misericordioso. Arrepentíos ante vuestro Señor y someteos a Él, antes de que os sorprenda el castigo, y entonces no seáis socorridos.” (Corán 39:53-54)