Dios dice en el Corán que los Profetas y los Mensajeros fueron
enviados a cada nación sobre la Tierra y que todos ellos divulgaron el mismo
mensaje: adorar al Dios Único, el Uno, sólo a Él, sin asociados, copartícipes,
hijos o hijas. La mayoría de los Profetas mencionados en el Corán y en las
tradiciones del Profeta Muhammad son reconocidos y considerados como tales en
las religiones judía y cristiana. El Profeta Saleh, sin embargo, es uno de los
únicos cuatro profetas árabes, y su historia no es universalmente conocida.
“Por cierto que enviamos otros Mensajeros antes de ti; de algunos de ellos te hemos relatado [su historia] y de otros no. Y por cierto que todo Mensajero que se presentó con algún milagro fue con la anuencia de Allah”.
Ad y Zamud
fueron dos grandes civilizaciones destruidas por Dios debido a su perversidad
excesiva. Después de la destrucción de Ad, Zamud los sucedió en poder y
grandeza. La gente llevaba vidas excesivamente lujosas, construyeron grandes
edificios tanto en las planicies como tallados en las montañas. El Profeta Saleh
fue enviado para advertir a la gente de Zamud que Dios no estaba complacido con
su comportamiento, y que la destrucción caería sobre ellos si no enmendaban sus
maneras malvadas.
Saleh fue un hombre piados y recto que
tenía una posición de liderazgo en la comunidad, pero su llamado a adorar solo
a Dios enfureció a mucha gente. Algunos entendieron la sabiduría de sus
palabas, pero la mayoría de la gente no le creyó y dañaron a Saleh con palabras
y hechos.
“¡Oh, Salih! Teníamos esperanzas [que fueses una persona sensata] antes de esto [a lo que nos exhortas]. ¿Acaso nos prohíbes que adoremos lo que adoraron nuestros padres? Por cierto que tenemos una profunda duda sobre aquello a lo que nos convocas [el monoteísmo]”.
La gente de Zamud se congregó en su
centro de reuniones, a la sombra de una gran montaña. Le exigieron a Saleh pruebas
de que el Dios Único del que él hablaba era realmente poderoso y fuerte. Le
pidieron que realizara un milagro: que una camella única e incomparable
emergiera de las montañas cercanas. Saleh les preguntó si creerían en su
mensaje en caso de que la camella apareciera como pedían. Ellos respondieron
que sí, y rezaron junto con Saleh para que ocurriera el milagro.
Por la gracia de Dios, una enorme
camella con diez meses de preñez emergió de las rocas en las faldas de la
montaña. Algunas de las personas entendieron la magnitud de este milagro, pero
la mayoría continuó en su incredulidad. Vieron una señal deslumbrante y, sin
embargo, se mantuvieron arrogantes y tercos.
“Al pueblo de Zamud le enviamos la camella como un milagro evidente, pero fueron inicuos”.
El comentador del Corán y erudito
islámico Ibn Kazir nos informa que hay una serie de relatos sobre la camella y
su naturaleza milagrosa. Se dice que la camella apareció de una roca que se
abrió en dos, y alguna gente señaló que la camella era tan grande que podía
beber toda el agua de los pozos de la ciudad en un día. Otra gente dice que la
camella era capaz de producir suficiente leche en un solo día para alimentar a
toda la población. La camella vivió entre la gente de Zamud y, tristemente, los
incrédulos que habían acosado a Saleh se llenaron de ira y resentimiento hacia
la camella.
Aunque muchas personas creyeron en
Dios, escucharon al Profeta Saleh y entendieron el milagro de la camella,
muchas otras se reusaron tercamente a escuchar. La gente comenzó a quejarse de
que la camella bebía demasiada agua, o que asustaba a los ganados. El Profeta Saleh
comenzó a temer por la camella. Le advirtió a su gente que caería sobre ellos
un gran tormento si le hacían daño a la camella.
“¡Oh, pueblo mío! Esta es la camella de Allah [que hizo surgir milagrosamente de entre las rocas], y es para vosotros un signo [del poder divino], dejadla que coma en la tierra de Allah y no le hagáis ningún daño, pues de lo contrario os azotará un castigo ineludible”.
Un grupo de hombres animados por sus
mujeres, se complotaron para matar a la camella y aprovecharon la primera
oportunidad para dispararle una flecha y apuñalarla con una espada. La camella
cayó al suelo y murió. Los asesinos celebraron y se felicitaron unos a otros, y
los incrédulos se rieron y burlaron de Saleh. El Profeta Saleh le advirtió a la
gente que un gran tormento les llegaría en tres días, pero continuó esperando
que vieran el error de lo que habían hecho y buscaran el perdón de Dios. El Profeta
Saleh dijo:
“¡Oh, pueblo mío! Os transmití el Mensaje de mi Señor y os aconsejé para vuestro bien, pero vosotros no queréis a quienes os aconsejan”.
Sin embargo, la gente de Zamud abucheó
a Saleh y planeó destruirlo junto a su familia, de forma tan insensible como
habían matado a la camella.
“Y había en la ciudad nueve personas que la corrompían y no contribuían al bienestar general. Se dijeron: Juremos por Allah que los sorprenderemos de noche [y los mataremos], a él y a los suyos; luego diremos a quienes tengan el derecho de vengar sus muertes: Nosotros no presenciamos los crímenes y decimos la verdad”.
Dios salvó al Profeta Saleh y a todos
sus seguidores; ellos empacaron algunas pertenencias y, con sus corazones
llenos de pesar, se trasladaron a otro lugar. Tres días después, la advertencia
del Profeta Saleh se hizo realidad. El cielo se llenó de rayos y centellas y la
tierra tembló violentamente. Dios destruyó la ciudad de Zamud y su gente murió
en un tormento de miedo e incredulidad.
Ibn Kazir dice que el pueblo de Saleh
cayó muerto, todos al mismo tiempo. Su arrogancia e incredulidad no pudo
salvarlos, como tampoco sus ídolos. Sus edificios grandes y extravagantes no
les proporcionaron protección alguna. Dios continuó enviando una guía clara a
la humanidad, pero los incrédulos han persistido siempre en su arrogancia y su
negación. Dios es el más Misericordioso y el más Perdonador: Él ama perdonar.
Sin embargo, las advertencias de Dios no pueden ser ignoradas. El castigo de
Dios, como experimentó el pueblo de Zamud, puede ser rápido y severo.