La condición humana está llena de
pruebas, preocupaciones y curvas de aprendizaje tremendas. La vida está llena
de sorpresas. Sin embargo, recordar a Dios y esforzarse en complacerlo, es la
línea vital de la humanidad. El Corán contiene historias inspiradoras de la
vida de los profetas y de hombres y mujeres rectos. La vida de Moisés se
discute con frecuencia y su historia nos enseña que Dios es misericordioso,
confiable y cariñoso. Allah, El Más Clemente, no nos ha dejado solos, nos ha
proporcionado Su guía y Su luz.
Por cierto que en las historias [de los Profetas] hay un motivo de reflexión para los dotados de sano juicio. No es [el Corán] un relato inventado sino una confirmación de lo revelado anteriormente, y es una explicación detallada de todas las cosas, guía y misericordia para los creyentes.
A lo largo de esta serie de artículos,
hemos aprendido sobre la tremenda fortaleza de carácter de Moisés, y su
habilidad para perseverar incluso en circunstancias extremas. Moisés siguió los
mandamientos de Dios con valor y determinación, y más allá de todo, poseía un
carácter de gran importancia, el carácter de la sinceridad. Moisés era sincero
en todos sus esfuerzos. Sin importar lo que hiciera, actuaba siempre con el
propósito expreso de agradar a Dios. Cuando la determinación es acompañada con
sinceridad, el carácter de una persona puede llegar a ser extraordinario.
Durante los años en que los hijos de Israel
vagaron por el desierto sin poder entrar a la tierra prometida, Moisés encontró
a Jidr y pasó un tiempo con él. Un hombre que la mayoría de los eruditos cree
era un profeta.
Ibn Kazir narró que un día alguien le
preguntó a Moisés: “¡Oh Mensajero de Dios, ¿hay en la tierra alguien con más
conocimiento que tú?” Moisés le contestó: “¡No!”, creyendo que ya que Dios le
había permitido hacer milagros y le había entregado la Tora, él debía ser el hombre
vivo más sabio. Esto, sin embargo, no era cierto. El encuentro de Moisés con Jidr
le enseña a la humanidad que ninguna persona puede tener toda la información
disponible y que aunque pensemos que somos inteligentes y sabios, la necesidad
de buscar el conocimiento nunca termina. Cuando Moisés se dio cuenta de la
existencia de Jidr, pidió reunirse con él.
Dios le dijo a Moisés que pusiera un
pez vivo en un recipiente. Cuando el pez desapareciera, él se encontraría con
el hombre que buscaba. Moisés inició su viaje acompañado por un joven que
llevaba el recipiente con el pescado. Llegaron a un lugar donde se encontraban
dos ríos y decidieron descansar allí. Moisés se durmió al instante. Mientras
dormía, su compañero vio cómo el pez se escapaba hacia el río y se iba nadando,
pero olvidó informar de ello a Moisés.
Cuando Moisés despertó, continuó su
viaje hasta que estaban exhaustos y hambrientos. Moisés pidió comida. Sólo
cuando hizo esto, su compañero recordó que el pescado se había escapado. Al oír
esto, Moisés exclamó: “¡Eso es exactamente lo que buscábamos!” Volvieron
rápidamente sobre sus pasos para encontrar el lugar donde los ríos se
enco