El Corán narra varias conversaciones
entre Moisés y el Faraón. Uno de los relatos más detallados está en el capítulo
26 cuyo título es “Los Poetas.” Moisés le habla amablemente al Faraón sobre
Dios, Su Misericordia y Su Paraíso, pero el Faraón reacciona con desprecio y
arrogancia. Le recuerda a Moisés su crimen pasado y le pide que agradezca el
haber sido criado en el palacio entre lujos y riqueza. Moisés se excusa
diciendo que cometió el crimen de matar a un hombre inocente cuando era
ignorante, y señala que creció en el palacio sólo porque no podía vivir con su
propia familia debido al asesinato indiscriminado de niños por parte del
Faraón.
Dijo [Moisés]: Lo hice por ignorancia. Y hui
de vosotros por temor [a que me mataseis], y fue entonces cuando mi Señor me
agració con la profecía y decretó que yo fuera uno de Sus Mensajeros. ¿De qué
favor hablas, cuando has esclavizado a los Hijos de Israel?
Preguntó el Faraón: ¿Quién es el Señor del
Universo? Dijo [Moisés]:
Es el Señor de los cielos, la Tierra y todo
lo que hay entre ellos. ¿Es que no os convencéis de ello?
Dijo [el Faraón] a quienes estaban en torno a
él: ¿Habéis oído?
Agregó [Moisés]: Él es vuestro Señor, y
también el Señor de vuestros ancestros.
Dijo [el Faraón a su pueblo]: En verdad, el
Mensajero que os ha sido enviado es un demente [y no responde lo que le
pregunto].
[Moisés] Prosiguió: Él es el Señor del
oriente y del occidente, y de lo que hay entre ambos. ¿Es que no razonáis?
Dijo [el Faraón]: Si adoptas otra divinidad
que no sea yo, te encarcelaré.
Dijo [Moisés]: ¿Y si te presento una prueba
evidente [de mi profecía]?
Dijo [el Faraón]: Preséntala, si es que dices
la verdad. (Corán 26:20-31)
El Faraón comenzó burlándose de Moisés,
luego lo acusó de ser ingrato y finalmente lo amenazó. Durante este período
histórico, mucha gente en Egipto practicaba la magia. Incluso había escuelas
que enseñaban magia e ilusionismo. El Faraón llegó a la conclusión errada de
que los signos manifiestos que Moisés era capaz de mostrar con el permiso de
Dios eran trucos de magia e ilusiones.
Cuando Moisés tiró su vara y esta se
convirtió en una serpiente, deslizándose y resbalando por el suelo, y cuando
retiró la mano de su manto y ésta estaba blanca y brillante, el Faraón presumió
que Moisés había aprendido el arte del ilusionismo. Ibn Kazir narra que el
Faraón detuvo a Moisés y a Aarón mientras despachaba correos por todo Egipto
para convocar a todos los magos al palacio. El Faraón prometió a los magos
prestigio y dinero a cambio de sus trucos. Un concurso se estableció entre
Moisés y los magos egipcios.
El Faraón estaba seguro de que sus
magos eran insuperables. Él llevaba mucho tiempo utilizándolos para influenciar
los corazones y las mentes del pueblo. El Faraón utilizaba sus trucos de magia
e ilusiones para dominar y controlar a sus súbditos. Moisés pudo establecer el
día del concurso y eligió un día festivo. Las calles estarían llenas de gente y
el poder y la fuerza de Dios serían visibles a todos. Habría la máxima
exposición de la verdad de las palabras de que no hay nadie merecedor de
adoración sino sólo Dios.
Y por cierto que le mostramos [al Faraón]
todos Nuestros signos, pero los desmintió y se rehusó a creer. Dijo [el
Faraón]: ¡Oh, Moisés! ¿Acaso viniste a expulsarnos de nuestra tierra con tu
magia? Nosotros te mostraremos una magia igual que la tuya, sólo fija un día
para que tú y nosotros nos encontremos en un lugar conveniente para ambos; y
que ninguno falte a la cita.
Nuestra cita será el día de vuestra festividad. Convocad a la gente, pues, por la mañana.
Moisés les pidió a los magos que
comenzaran ellos. Se narra que había unos 70 magos alineados en una fila. Los
magos tiraron sus varas y cuerdas en el nombre del Faraón y el suelo se
convirtió en un mar hirviente de serpientes, retorciéndose y arrastrándose. La
multitud miraba con asombro. Moisés tuvo miedo, pero se mantuvo firme, con la
certeza de que Dios lo protegería y facilitaría su tarea. Dios lo cubrió con
tranquilidad y ordenó a Moisés que lanzara su vara.
La vara de Moisés se transformó en una
serpiente enorme que devoró rápidamente a las serpientes ilusorias que cubrían
el piso. La multitud se levantó como una gran ola, aplaudiendo y gritando por
Moisés. Los magos quedaron atónitos. Eran muy hábiles en el arte de la magia y
el ilusionismo, pues eran los mejores magos en el mundo en aquella época, pero
sus conjuros no eran más que trucos. Los magos sabían que la serpiente de
Moisés era real. Cayeron todos en postración declarando su creencia en el Señor
de Moisés y Aarón.
“Y entonces los magos [al percibir la Verdad]
se postraron y exclamaron: Creemos en el Señor de Aarón y Moisés.Dijo [el Faraón]: ¿Acaso vais a creer en él
sin que yo os lo permita? Ciertamente él es vuestro maestro que os ha ensañado
la magia. Haré que se os ampute la mano y el pie opuestos, y luego os haré
crucificar en troncos de palmera. Así sabréis quién de nosotros puede infligir
el castigo más severo y perdurable.
Dijeron: No te preferiremos a las pruebas evidentes que nos han llegado, y [menos aún] a Quien nos creó. Haz pues con nosotros lo que has decidido; tú sólo puedes condenarnos en esta vida. Ciertamente creemos en nuestro Señor, y Él nos perdonará nuestros pecados y la magia que nos obligaste a hacer. Por cierto que la recompensa de Dios es la mejor y Su castigo es el más perdurable.”
Los magos comenzaron ese día siendo infieles,
corruptos e interesados sólo en la riqueza y en la fama. Sin embargo, en el
término de unas pocas horas habían reconocido la verdad. Vieron con sus propios
ojos la omnipotencia de Dios y se arrepintieron de sus caminos errados. Dios es
el más misericordioso, y Él perdonará a quienes recurran a Él con
arrepentimiento humilde y sincero.
Moisés y
Aarón dejaron el lugar de la contienda. Los magos, como les fue dicho, fueron
condenados a muerte, sus cuerpos colgados en las plazas y mercados para enseñarle
a la gente una lección, el Faraón regresó a su palacio y su rabia se acrecentó.
Se peleó con sus ministros y consejeros. Los despidió y luego los llamó a su
presencia. Se volvió a su primer ministro y le dijo: “¿Acaso soy un mentiroso, Hamán?”
El Faraón había construido su reino sobre el hecho de que él era dios, ¿qué
haría ahora que Moisés había revelado la verdad de que no existe dios sino el
Único Dios Verdadero?
“Dijo el Faraón: ¡Oh, Hamán! Constrúyeme una torre para que pueda ascender. Ascender a los cielos y ver a quien adora Moisés; y por cierto que creo que [Moisés] miente. Y así [Satanás] le hizo ver al Faraón como buenas sus malas acciones, y logró que se extraviara completamente, y los planes del Faraón fracasaron.”