En julio de 2001, conocí a un joven de
Irak. Su nombre era Ibrahim. Entramos rápidamente en conversación. Me dijo que
era musulmán y le respondí que yo era cristiano. Yo estaba preocupado de que mi
religión pudiera ser un problema, pero me equivocaba. Me alegré de estar
equivocado. Era interesante ver que él no quería convertirme en musulmán y no
intentó hacerme entrar en su religión.
Aunque consideraba a los musulmanes
como un grupo exótico, me interesaba aprender más sobre el Islam. Era una buena
oportunidad para aprender más. Me di cuenta que tenía frente a mí a un hombre
que podía enseñarme mucho sobre el Islam, de modo que saqué el valor para
pedirle que lo hiciera. Ese fue mi primer encuentro con el Islam, de hecho, fue
mi primer paso. Después de un tiempo nos separamos y nunca lo volví a ver, pero
la semilla había sido sembrada.
Recuerdo que una vez leí una entrevista
con Mohammad Ali Silhavy (un antiguo musulmán checo) y busqué su dirección para
escribirle una carta. Luego vino el 11 de septiembre. Debido al clima político,
pensé que no era un momento apropiado para contactar al señor Silhavy. De modo
que me encontré en un callejón sin salida.
Alrededor de dos meses después encontré
el valor de escribirle una larga carta al señor Silhavy. Después de un tiempo,
él me contestó y me envió un paquete incluyendo literatura islámica y algunos
folletos. Me dijo que le había informado a la Fundación Islámica en Praga sobre
mí y les había pedido que me enviaran una traducción del Corán. Ese fue mi
comienzo. Paso a paso, aprendí que el Islam no es una religión belicosa, sino
que, por el contrario, es una religión de paz. Mis preguntas fueron
respondidas.
Debido a ciertas circunstancias, no fue
hasta tres años después que decidí visitar al señor Silhavy. Él tuvo mucha
paciencia para explicarme diferentes temas, y me sugirió que visitara la
mezquita de Brno (República Checa). Cuando fui a la mezquita de Brno, temí que
me vieran como un extraño, un intruso. Me sorprendió hallar todo lo contrario.
Conocí a K. y a L., que fueron las primeras personas que me ayudaron. Por
supuesto, conocí a otros hermanos que me dieron la bienvenida en la forma más
cálida posible.
Comencé a profundizar en todos los
aspectos del Islam, y encontré que el Islam es muy comprensible y lógico.
Gradualmente comencé a aprender cómo rezar, y hoy día realizo la oración sin
problema, incluso en árabe. Dejé un mal hábito mío que no era compatible con el
Islam: yo era un jugador, y uno muy bueno en realidad. Fue una dura lucha
conmigo mismo, pero con la ayuda de Dios gané la batalla.
Si alguna vez dudé de mi interés en el Islam
o de que pudiera llegar a vivir como un musulmán, hoy sé que mi interés es
permanente y me considero uno de ellos. Tal vez parezca muy simple, pero de
nuevo, con la ayuda de Dios gané esta lucha interna. Lo pensé cuidadosamente
antes de decidirme a abrazar el Islam. Para ser honesto, durante 2003 y
comienzos de 2004, no estuve completamente seguro si podría manejar esto.
Finalmente, me decidí. Ya no soy ese joven de comienzos de la década de 1990.
Es por esto que hoy me siento muy feliz de ser musulmán. Soy libre por fin. Aún tengo imperfecciones, pero estoy tratando de superarlas. Creo que Dios me ayudará. Ahora, escucha lo que quiero decirte y considero esta mi obligación: creo en mi corazón y declaro de palabra que no hay más divinidad que Dios y que Muhammad es el Mensajero de Dios.