Después de caminar por más de una semana
a través del desierto ardiente, Moisés llegó a un oasis donde grupos de hombres
abrevaban a sus animales. Estaban empujándose, peleando, bromeando y riendo,
comportándose de manera ruda y baja. Moisés se arrojó sobre la tierra
agradecido por la sombra de un árbol. Mientras recuperaba el aliento, se fijó
en dos mujeres y su rebaño de ovejas. Estaban bien atrás, reacias a acercarse
al pozo de agua.
Moisés era un hombre de honor. A pesar
que estaba exhausto y deshidratado, Moisés no podía soportar ver a las mujeres
de pie, temerosas de moverse hacia el pozo de agua. Se acercó a ellas y les
preguntó por qué los hombres de su familia no cuidaban de las ovejas. Las dos
jóvenes le explicaron que su padre era anciano y que la tarea de cuidar las
ovejas era ahora su responsabilidad.
Moisés llevó las ovejas de las mujeres
hasta le pozo de agua, donde se abrió paso con facilidad entre los hombres que
estaban allí. Después de completar su tarea, Moisés estaba totalmente
desgastado. Se sentó bajo la sombra del árbol y comenzó a suplicarle a Dios.
Dijo: “¡Oh Señor! Cualquier bien que puedas concederme, en verdad lo necesito.”
“Y cuando se encontraba camino a Madián dijo: ¡Señor mío! Guíame por el camino correcto [que conduce a esta ciudad]. Cuando llegó al pozo de agua de Madián, encontró pastores dando de beber a sus rebaños, y vio que apartadas de ellos había dos mujeres que sujetaban a sus rebaños, entonces les preguntó: ¿Qué os sucede? Respondieron [ellas]: No podemos dar de beber a nuestro rebaño hasta que los pastores no terminen con los suyos, y nuestro padre es ya un anciano [y no puede venir]. Luego [cuando los pastores se hubieron retirado, levantó la pesada roca que cubría el pozo y] le dio de beber al rebaño por ellas, y finalmente se retiró exhausto a la sombra y exclamó: ¡Señor mío! Realmente necesito cualquier gracia que me concedas.”
El Corán nos relata las historias de
los profetas de Dios para que podamos aprender de ellos. Los profetas son
modelos dignos de ser seguidos y sus vidas no son tan diferentes de las
nuestras. ¿Cuántas veces no nos hemos sentido tan agotados física y mentalmente
que pareciera que no podemos resistir un segundo más?
Nuevamente Moisés se volvió hacia la
única fuente real de ayuda para la humanidad: Dios. Y antes que terminara su
súplica, la ayuda estaba en camino. Moisés probablemente tenía la esperanza de
recibir una rebanada de pan o un puñado de dátiles, pero en lugar de ello, Dios
le dio seguridad, provisiones y una familia.
Una de las mujeres regresó con Moisés.
Con la modestia y timidez apropiadas, le dijo a Moisés: “Mi padre quiere que
recompensarte por tu amabilidad y te invita a nuestra casa.” En consecuencia,
Moisés se levantó y fue a ver al anciano. Se sentaron juntos y Moisés contó su
historia. El anciano disipó sus temores y le dijo a Moisés que había cruzado de
forma segura la frontera de Egipto, ahora estaba en Madián a salvo de cualquier
autoridad que pudiera estar persiguiéndolo.
“Y [más tarde] una de ellas regresó y acercándose a él con recato dijo: Mi padre te llama para retribuirte por haber dado de beber a nuestro rebaño. Y cuando se presentó ante él, le relató su historia; y [el padre de las dos mujeres] le dijo: No temas, [aquí] estás a salvo de los opresores.”
Después que Moisés había sido invitado
a estar con la familia, una de las mujeres se acercó a su padre en privado y le
aconsejó que contratara a Moisés. Cuando su padre le preguntó por qué, ella
contesto que debido a su fuerza y honestidad. Dos cualidades que nos dice el
Islam que son signos de liderazgo. En los años inmediatamente posteriores a la
muerte del Profeta Muhámmad, que Dios lo bendiga, los líderes de la nación
musulmana fueron elegidos por estas dos cualidades. Ellos aprendieron sus
políticas del Corán, de las historias de sus predecesores piadosos.
El anciano —que algunos estudiosos
creen que era el profeta Jetró, aunque no hay fuentes auténticas que confirmen
o nieguen esto— ofreció a Moisés la seguridad y protección de su propia
familia. Le dio una de sus hijas en matrimonio a cambio de que trabajara
durante 8 años, o 10 si Moisés accedía a quedarse durante dos años más. Moisés
era un extraño en tierras extranjeras, exhausto y solo. Pero Dios escuchó su
súplica y lo proveyó con recursos que Moisés jamás hubiera podido imaginar.
Una de ellas dijo: ¡Oh, padre! Contrátalo, pues qué mejor que contratar a un hombre fuerte y honesto. Dijo [el padre de las dos mujeres a Moisés]: Quisiera casarte con una de mis dos hijas a condición de que trabajes con nosotros durante ocho años, y si deseas quedarte diez será algo que tú hagas voluntariamente. Ésta no será una tarea difícil ni pesada; me encontrarás, si Dios quiere, entre los justos. Dijo [Moisés]: Estoy de acuerdo. Cualquiera que sea el plazo que yo cumpla no se me reprochará, y Dios es testigo de lo que decimos.”
Como creyentes, no debemos olvidar
nunca que Dios escucha nuestras oraciones y súplicas, y las responde. A veces
la sabiduría detrás de estas respuestas está más allá de nuestra comprensión,
pero Dios sólo desea lo que es bueno para nosotros. Poner nuestra confianza en
Dios y someterse a Su voluntad, le permite al creyente capear cualquier
tormenta, y hacerle frente a cualquier adversidad. Nunca estamos solos, al
igual que Moisés no estaba solo mientras avanzaba por el desierto huyendo de la
única vida y tierra que había conocido.