Cuando se le preguntó como llegó al
Islam escribió:
“Mi conversión al Islam no puede ser
atribuida a ninguna causa mas que la guía de Alá el Todopoderoso. Sin esta
orientación divina todo el aprendizaje, búsqueda y otros esfuerzos por
encontrar la verdad puede hasta llevarlo a uno al extravío. Cuando creí en la absoluta
unicidad de Dios Su último profeta Muhammad se convirtió en el patrón de mi
conducta y comportamiento”.
Abdu ‘l-Ahad Dáwúd es el anterior
reverendo David Benjamín Keldani, B.D., un sacerdote católico romano de
la
secta de los Caldéanos Unidos. Nació en 1867 en Urmia, Persia; educado
desde su
temprana infancia en esa ciudad. Desde 1886 al 89 (tres años) se
encontraba en
el staff de enseñanza de la Misión del Arzobispo de Canterbury a los
cristianos
de Asiría (Nestorianos) en Urmia. En 1892 fue enviado por el Cardenal
Vaughan a
Roma, donde asistió a un curso de estudios psicológicos y teológicos en
la Universidad Fide College, y en 1895 fue ordenado sacerdote. Durante
ese tiempo contribuyó con
una serie de artículos de ‘The Tablet’ en “Asiría, Roma y Canterbury”; y
también
al record irlandés en la “Autenticidad del Pentateuco.” Realizó varias
publicaciones de traducciones del Ave Maria a varias lenguas en las
Misiones Católicas
ilustradas. Mientras que en Constantinopla camino a Persia en 1895,
contribuyó con
una gran cantidad de artículos en inglés y francés para el diario,
publicado allí
bajo en nombre de ‘The Levant Herald’, en “Eastern Churches.” En 1895 se
unió a
la misión francesa Lazarista en Urmia, y publicó por primera vez en la
historia
de esa misión un periódico en el vernacular siríaco llamado Qala-La
Shárá,
i.e. “la voz de la verdad.” En 1897 fue delegado por dos arzobispos de
la Unión de caldéanos de Urmia y de Salmas para representar a los
católicos orientales en el
Congreso de la Eucaristía llevado a cabo en Paray-le-Monial en Francia
bajo la
presidencia del Cardinal Perraud. Esto fue, por supuesto, una invitación
oficial. El papel leído en el congreso por el ‘Padre Benjamín’, fue
publicado
en los anuales del Congreso de Eucaristía, llamado “Le Pelirin” de ese
año. En
este papel, el Sacerdote Caldeano (ese era su titulo oficial) deploró el
sistema católico de educación entre los Nestorianos, e informó de la
inminente
aparición de sacerdotes rusos en Urmia.
En 1898 el padre Benjamín estaba de
vuelta en Persia. En su pueblo nativo, Digala, a una milla de la ciudad,
allí inauguró
una escuela gratuita. El año próximo fue enviado por las autoridades
eclesiásticas para que se hiciera cargo de la diócesis de Salmas, donde
un
agudo y escandaloso conflicto entre la unión de arzobispos, Khudabásh, y
los
padres Lazaristas había estado amenazando con un cisma desde hacía
mucho
tiempo. En el día de año nuevo de 1900, el Padre benjamín rezó su último
y
memorable sermón a una gran congregación, incluyendo muchos armenios no
católicos
y otros en la Catedral de St. George de Khorovábád, Salmas. El tema de
la plegaria
fue ‘El nuevo siglo y el Nuevo Hombre’. Habló del hecho de que las
Misiones
Nestorianas, antes de la aparición del Islam, habían predicado el
Evangelio en
toda Asia; que tenían numerosos establecimientos en India (especialmente
en la Costa de Malbar), en Tártaro, China y Mongolia; y que tradujeron
el Evangelio a los Uighurs
turcos y a otras lenguas; que las misiones católicas, americanas y
anglicanas,
en lugar del poco bien que le habían hecho a la nación asiriocaldeana en
la
educación, había separado a la nación, ya numerosa, en Persia, Kurdistan
y Mesopotamia
en numerosas sectas hostiles entre ellas; y que sus esfuerzos fueron
destinados
al colapso final. Consecuentemente aconsejó a los nativos que hagan
algunos
sacrificios para poder levantar sus propias piernas como hombres, y no
depender
de las misiones extranjeras, etc.
Cinco grandes y ostentosas misiones,
norteamericanas y rusas, con sus escuelas, presionados por sociedades
religiosas ricas, los cónsules y embajadores intentaban convertir a cien mil
asirocaldeanos de la herejía nestoriana en una u otro de las cinco herejías.
Pero las misiones rusas pronto se adelantaron y fue esta misión que en 1915
empujó o forzó a los asirios de Persia, así como también a las tribus montañesas
de Kurdistán, que habían inmigrado a las llanuras de Salmas y Urmia, para
armarse en contra de sus respectivos gobiernos. El resultado fue que la mitad
de su gente fue asesinada en la guerra y el resto expulsada de sus tierras
nativas.
La gran pregunta que los sacerdotes
intentaron responder por mucho tiempo estaba ahora llegando a su clímax.
¿Era el
cristianismo, con todas sus multitudinarias formas y colores, y con sus
poco
auténticas, falsas y corruptas escrituras, la verdadera Religión de
Dios? En el
verano de 1900 se retiró a su pequeña granja en el medio de los viñedos
cerca a
la celebrada fuente de Cháli-Boulaghi en Digala, y allí pasó un mes
meditando y
rezando, leyendo una y otra vez las escrituras en sus textos originales.
La
crisis finalizó en una renuncia formal enviada a la Unión de Arzobispos
de Urmia, donde francamente explicó a Mar (Mgr.) Touma Audu las razones
por las cuales abandonaba sus funciones sacerdotales. Todos los intentos
de las
autoridades eclesiásticas para que se arrepintiera no fueron exitosos.
No existía
ninguna pelea personal o disputa entre el Padre benjamín y sus
superiores; era
todo una cuestión de consciencia.
Durante muchos meses el Sr. Dáwúd, como se llamaría desde ese entonces, fue empleado en Tabriz como inspector del Servicio postal y de Aduana de Persia bajo los expertos belgas. Luego fue tomado bajo el servicio del príncipe Muhummed Alí Mirzá como profesor y traductor. Fue en 1903 cuando nuevamente visitó Inglaterra y se unió a la Comunidad Unitaria. Y en 1904 fue enviado por la Asociación inglesa y extranjera Unitaria para que llevase a cabo un trabajo educativo entre las personas de su país. Camino a Persia visitó Constantinopla; y después de varias entrevistas con Sheikhu ‘l-Islám Yemálu ‘d-Dín Effendi y otros Ulémas, abrazó el Islam.